miércoles 23 de diciembre de 2009

Poema del Hombrecillo (Milay)

Imagen: Noche Azul (Graciela Bello)
http://gracielabello-art.blogspot.com


ELIO MILAY


A la más alta cumbre del más yermo edificio,
ascendió una corbata, con un gris traje rígido;
dentro de él otro típico simulacro de homínido,
otro Edipo, otro Midas, otro Caín, u otro Ícaro,
un blanqueado sepulcro, muy hipócrita y lindo,
cuya zafia codicia despertó en Cristo al crítico.

¡Fui muy buen alpinista! - se decía a sí mismo.
De mi empresa la cima alcancé... desde el piso
no recuerdo ya el número, cinco creo, sí, cinco;
en la hedionda oficina de un pasado impreciso.
Sin embargo hoy soy jefe de mi propio distrito,
traficante de influencias en mi infierno político.
¡A seiscientos sesenta (y seis más) administro!
No es casual mi triunfo. Todo fue muy medido.
Lamí un ancho trasero, mi pudor bajo mínimos
lisonjeó al presidente con piropos tan límpidos,
que hoy por vil vanidad fuma habanos conmigo
para oírme otra vez: ¡Es usted guapo olímpico!
¡Sabio, listo y valiente! ¡Un amor! ¡Un prodigio!
(Cuesta poco mentirle, si el pasado no olvido.)

Seis mansiones poseo, ex-mujer, yates, hijos,
a los cuales mantengo (les visito en domingo).
Me alimento de lujo. Siempre bebo buen vino.
Compro chicas bonitas; mil placeres son míos.
Pero nadie me aprecia ni dispongo de amigos,
todo el mundo me mira con muy pobre cariño.
Quien me halaga lo hace por sacar beneficios.
Si esta noche yo caigo de mi altura al abismo,
me pondrán allá abajo una cama con pinchos.

Yo lo sé, no hace falta ser gran brujo adivino,
ni un sabueso privado, ni empirista científico.
Yo lo noto en sus ojos tras un nuevo despido,
ese miedo, ese odio, esa inquina que inspiro.
Me respetan temiendo prepotentes caprichos.
Ante mí ponen caras de adorarme el ombligo,
por detrás sólo oigo murmurando: "Mal bicho.
Ojalá hoy te fulminen cien mil rayos divinos;
le vendiste al diablo la piedad de tu espíritu,
y en tu pecho ahora luces necio espacio vacío,
hueco nicho sin alma, agrio aroma a podrido,
corazón de una máquina, tan cruel y tan frío.
No mereces ni el agua que gotea de un grifo.
¡Por tirano despótico no mereces ni oxígeno!"

Así piensan, me consta. Lo intuí; lo percibo.
¡No les culpo! De hecho, es mi triste destino.
Mi ex-mujer me decía: "¡Inmaduro raquítico!
¿Por qué fui tan ingenua, al casarme contigo?
¡Tú eres mala persona! ¡Mentiroso y ridículo!
¡Hasta tu ex-secretaria se arrepiente del lío!
¡Egoísta de mierda! ¡Mal amante! ¡Mezquino!
¡Jamás tienes con nadie ni un detalle bonito!
¡Me divorcio! ¡Adiós! Y me llevo a los niños."

En la más alta cumbre del más loco edificio,
bajo luna menguante que colgaba de un hilo,
aquel hombre mediocre, ambicioso e insípido,
notó un negro agujero al palpar sus bolsillos.
Se sintió tan corrupto en su horror enfermizo,
se asqueó de tal modo al saberse un cretino,
que dio un paso adelante al crucial precipicio
entre anhídrido tóxico de olvidados suspiros,
hacia el rígido asfalto y el sangriento crujido
allá abajo en la acera. Como un ángel caído.

¿Dije hombre? Corrijo: Diminuto hombrecillo.


jueves 17 de diciembre de 2009

Soneto a la Amada Enferma

ELIO MILAY (PARA FRIDA KAHLO)



Falleceré cuando tu luz se vaya.
Perdida tú, perdido el Sol mismo.
Hecho cenizas poblaré el abismo.
Pasaré a ser arena de una playa.

Seré la voz que calla, calla, calla,
presa perpetua del total autismo.
No resucita al vivo ni un seísmo,
si el corazón de soledad estalla.

Perdida tú, yo árbol moribundo,
sin rama verde que pudiese dar
flores y frutos, seca su corteza.

Si no iluminas el bonito mundo
por ti creado en mi alma, el mar
parecerá menor que mi tristeza.



http://moon-museum.blogspot.com

lunes 14 de diciembre de 2009

FRIDA KAHLO

Quisiera ser lo que tengo ganas de ser – detrás de la cortina de la locura- : me ocuparía de las flores el día entero; pintaría el dolor, el amor y la ternura, me reiría de todo corazón de la estupidez de los demás y todos dirían: pobre está loca (sobre todo, me reiría de mi misma). Construiría un mundo que mientras yo viviera sería mío y de todos…

La revolución es la armonía de la forma y del color y todo existe y se mueve de acuerdo a una sola ley: la vida. Nadie se aleja de nadie. Nadie lucha por sí mismo. Todo es todo y uno. La angustia y el dolor y el placer y la muerte no son otra cosa que un proceso para existir. La lucha revolucionaria es en ese proceso la puerta abierta de la inteligencia. Niño amor. Ciencia exacta. Voluntad de resistir viviendo, alegría sana. Infinita gratitud. Ojos en las manos y el tacto en la mirada. Limpieza y suavidad del fruto. Enorme columna vertebral que es la base de toda estructura humana. Veremos, aprenderemos. Siempre hay cosas nuevas. Y al lado de mi amor, mi amor de miles de años.

domingo 13 de diciembre de 2009

TEXTO DEL DIARIO DE FRIDA KAHLO

FRIDA KAHLO


Mi noche es como un gran corazón que late. Son las tres y media de de la mañana. Mi noche es una noche sin luna. Mi noche tiene grandes ojos que miran fijamente una luz gris que se filtra por las ventanas. Mi noche es larga y larga y larga y parece siempre estirarse hacia un fin incierto. Mi noche me precipita en tu ausencia. Te busco, busco tu cuerpo inmenso junto al mío, tu aliento, tu calor, mi noche me responde: vacío; mi noche me da frío y soledad. Busco un punto de contacto: tu piel. ¿Dónde estás? ¿Dónde estás? Me vuelvo en todas direcciones, la almohada está mojada, mi mejilla se queda pegada, mis cabellos húmedos contra las sienes. No es posible que posible que no estés aquí. Mi cabeza divaga, mis pensamientos van, vienen y chocan, mi cuerpo no puede comprender. Mi cuerpo te quiere aquí. Mi cuerpo, este cuerpo, este cuerpo mutilado, quisiera olvidarse por un momento en tu calor, mi cuerpo reclama algunas horas de serenidad. Mi noche es un corazón. Mi noche sabe que quisiera mirarte, seguir con mis manos cada curva de tu cuerpo, reconocer tu rostro y acariciarlo. Mi noche me ahoga tu ausencia. Mi noche palpita de amor que t rato de contraer pero que palpita en la penumbra, en cada una de mis fibras. Mi noche quisiera llamarte pero no tienen voz. Y sin embargo, quisiera llamarte y encontrarte y apartarse contra ti un momento y olvidar este tú tiempo que lo destroza. Mi cuerpo no puede comprender. Tienen tanta necesidad de ti como yo, es posible que después de todo él y yo no seamos más que uno. Mi cuerpo te necesita, tú me has sanado muchas veces. Mi noche se ahueca hasta no sentir más la carne y el sentimiento se hace más fuerte, más agudo, despojado de la sustancia material. Mi noche me quema de amor.
Son las cuatro de la mañana. Mi noche me agota. Bien sabe que me faltas tú y toda su oscuridad no alcanza para ocultar esa prueba. Esa prueba brilla como una hoja afilada en las tinieblas. Mi noche quisiera tener alas que volverán hacia ti, te envolverán en tu sueño y te traerán de vuelta a mí. En tu sueño tú me sentirás cerca de ti y tus brazos me envolverían sin que tú despertaras. Mi noche no oye consejos. Mi noche piensa en ti, sueña despierta. Mi noche se entristece y se extravía. Mi noche acentúa mi soledad, todas mis soledades. Su silencio no oye más que mis voces interiores. Mi noche es larga y larga y larga. Mi noche tendría miedo de que el día no llegue nunca más pero a la vez mi noche tiene miedo de que llegue, porque el día es un día artificial en que cada hora vale por dos sin ti es realmente una hora vivida. Mi noche se pregunta si mi día no se parece a mi noche. Eso explicaría a mi noche por qué temo el día, también mi noche tiene ganas de vestirme y empujarme afuera en busca de mi hombre. Pero mi noche sabe que todo lo que se llama locura, de todo orden, origen de desorden, está prohibido. Mi noche se pregunta qué es lo que no está prohibido. No está prohibido confundirme con ella, eso lo sabe ella, pero se ofusca de ver confundirse con ella, una carne al borde de la desesperanza. Una carne no está hecha para desposar la nada. Mi noche te ama con toda su profundidad, y de mi profundidad resuena también. Mi noche se alimenta de ecos imaginarios. Ella puede hacerlo. Yo fracaso. Mi noche me observa. Su mirada es lisa y se desliza en todas las cosas. Mi noche quisiera que tú estuvieras aquí para deslizarse en ti con ternura. Mi noche te espera. Mi cuerpo te espera. Mi noche quisiera que tu descansaras apoyado en el hueco de mi hombro y yo me apoyará en el hueco del tuyo. Mi noche quisiera ver tu gozo y el mío, verte y verme temblar de placer. Mi noche quisiera ver nuestras miradas y tener nuestras miradas cargadas de deseos. Mi noche quisiera tener entre sus manos cada espasmo. Mi noche se volvería dulce. Mi noche gime en silencio su soledad al recuerdo de ti. Mi noche es larga y larga y larga. Pierde la cabeza pero no puede alejar de mí tu imagen, no puede engullir mi deseo. Mi noche se muere de no saberte ahí, y me mata. Mi noche te busca sin cesar. Mi cuerpo no llega a imaginar que algunas calles o una geografía cualquiera nos separan. Mi cuerpo enloquece de dolor al no poder reconocer en medio de mi noche tu silueta o tu sombra. Mi cuerpo quisiera besarte en tu sueño. Mi cuerpo quisiera en plena noche dormir y en estas tinieblas ser despertada por tu beso. Mi noche no conoce sueño más hermoso y más cruel hoy que ese. Mi noche aúlla y desgarra sus velos, mi noche se clava a su propio silencio pero tu cuerpo sigue inhallable. Me haces tanta falta y tanta falta. Y tus palabras. Y tu color.

Pronto va a amanecer.

sábado 12 de diciembre de 2009

COMO QUIEN OYE LLOVER

OCTAVIO PAZ


Óyeme como quien oye llover,
ni atenta ni distraída,
pasos leves, llovizna,
agua que es aire, aire que es tiempo,
el día no acaba de irse,
la noche no llega todavía,
figuraciones de la niebla
al doblar la esquina,
figuraciones del tiempo
en el recodo de esta pausa,
óyeme como quien oye llover,
sin oírme, oyendo lo que digo
con los ojos abiertos hacia adentro,
dormida con los cinco sentidos despiertos,
llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
aire y agua, palabras que no pesan:
lo que fuimos y somos,
los días y los años, este instante,
tiempo sin peso, pesadumbre enorme,
óyeme como quien oye llover,
relumbra el asfalto húmedo,
el vaho se levanta y camina,
la noche se abre y me mira,
eres tú y tu talle de vaho,
tú y tu cara de noche,
tú y tu pelo, lento relámpago,
cruzas la calle y entras en mi frente,
pasos de agua sobre mis párpados,
óyeme como quien oye llover,
el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,
es la niebla errante en la noche,
como quien oye llover
es la noche dormida en tu cama,
es el oleaje de tu respiración,
tus dedos de agua mojan mi frente,
tus dedos de llama queman mis ojos,
tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,
manar de apariciones y resurrecciones,
óyeme como quien oye llover,
pasan los años, regresan los instantes,
¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?
no aquí ni allá: los oyes
en otro tiempo que es ahora mismo,
oye los pasos del tiempo
inventor de lugares sin peso ni sitio,
oye la lluvia correr por la terraza,
la noche ya es más noche en la arboleda,
en los follajes ha anidado el rayo,
vago jardín a la deriva
entra, tu sombra cubre esta página.

viernes 4 de diciembre de 2009

BANDONEÓN

MARIO BENEDETTI


Me jode confesarlo
pero la vida es también un bandoneón
hay quien sostiene que lo toca dios
pero yo estoy seguro que es troilo
ya que dios apenas toca el arpa
y mal

fuere quien fuere lo cierto es
que nos estira en un solo ademán purísimo
y luego nos reduce de a poco a casi nada
y claro nos arranca confesiones
quejas que son clamores
vértebras de alegría
esperanzas que vuelven
como los hijos pródigos
y sobre todo como los estribillos

me jode confesarlo
porque lo cierto es que hoy en día
pocos
quieren ser tango
la natural tendencia
es a ser rumba o mambo o chachachá
o merengue o bolero o tal vez casino
en último caso valsecito o milonga
pasodoble jamás
pero cuando dios o pichuco o quien sea
toma entre sus manos la vida bandoneón
y le sugiere que llore o regocije
uno siente el tremendo decoro de ser tango
y se deja cantar y ni se acuerda
que allá espera
el estuche.

martes 1 de diciembre de 2009

BANDONEONISTA (Elio Milay)

http://gracielabello-art.blogspot.com


Homenaje a Paquita Bernardo (1900-1925)


El cordial bandoneón se ha casado por fin
con las ágiles manos de mi sabia porteña.
La canción acompaña como un fiel serafín,
multiplica hermosura en su boca pequeña.

Melancólicamente vibra el buen bandoneón
cuando lee partituras de milongas o tangos,
con la ingenua esperanza del jovial corazón,
que no sabe de odios, ni malicias ni rangos.

Todo en ella, transmite una azul sed de luz,
esa paz que su música generosa desprende,
inflamando mi espíritu, como un cálido alud,
como un íntimo sol que no sé qué pretende.

Voy volando volando, entre nubes de amor,
libre pájaro humilde que del cielo se alegra.
La tristeza no existe. No hace daño el dolor.
Ni siquiera discuten la mujer con la suegra.

Esta vida ermitaña, tan noctámbula y gris,
me parece ceniza de una Luna muy rancia.
Pero si ella me canta, cual Gardel en París,
un feliz arco iris me da a mí mi elegancia.

POEMA 9 (Oliverio Girondo)


¿Nos olvidamos, a veces, de nuestra sombra o es que nuestra sombra nos abandona de vez en cuando?

Hemos abierto las ventanas de siempre. Hemos encendido las mismas lámparas. Hemos subido las escaleras de cada noche, y sin embargo han pasado las horas, las semanas enteras, sin que notemos su presencia.

Una tarde, al atravesar una plaza, nos sentamos en algún banco. Sobre las piedritas del camino describimos, con el regatón de nuestro paraguas, la mitad de una circunferencia. ¿Pensamos en alguien que está ausente? ¿Buscamos, en nuestra memoria, un recuerdo perdido? En todo caso, nuestra atención se encuentra en todas partes y en ninguna, hasta que,de repente advertimos un estremecimiento a nuestros pies, y al averiguar de qué proviene, nos encontramos con nuestra sombra.

¿Será posible que hayamos vivido junto a ella sin habernos dado cuenta de su existencia? ¿La habremos extraviado al doblar una esquina, al atravesar una multitud? ¿O fue ella quien nos abandonó, para olfatear todas las otras sombras de la calle?

La ternura que nos infunde su presencia es demasiado grande para que nos preocupe la contestación a esas preguntas.

Quisiéramos acariciarla como a un perro, quisiéramos cargarla para que durmiera en nuestros brazos, y es tal la satisfacción de que nos acompañe al regresar a nuestra casa, que todas las preocupaciones que tomamos con ella nos parecen insuficientes.

Antes de atravesar las bocacalles esperamos que no circule ninguna clase de vehículo. En vez de subir las escaleras, tomamos el ascensor, para impedir que los escalones le fracturen el espinazo. Al circular de un cuarto a otro, evitamos que se lastime en las aristas de los muebles, y cuando llega la hora de acostarnos, la cubrimos como si fuese una mujer, para sentirla bien cerca de nosotros, para que duerma toda la noche a nuestro lado.

De "Espantapájaros" (1932)

domingo 29 de noviembre de 2009

ESPANTAPÁJAROS

OLIVERIO GIRONDO

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible

- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?

¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?

¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

sábado 28 de noviembre de 2009

UNA PALABRA

ALVARO MUTIS


Cuando de repente en mitad de la vida llega una palabra
.........jamás antes pronunciada,
una densa marea nos recoge en sus brazos y comienza
.........el largo viaje entre la magia recién iniciada,
que se levanta como un grito en un inmenso hangar
.........abandonado donde el musgo cobija las paredes,
entre el óxido de olvidadas criaturas que habitan un
.........mundo en ruinas, una palabra basta,
una palabra y se inicia la danza pausada que nos lleva
.........por entre un espeso polvo de ciudades,
hasta los vitrales de una oscura casa de salud, a patios
.........donde florece el hollín y anidan densas sombras,
húmedas sombras, que dan vida a cansadas mujeres.
Ninguna verdad reside en estos rincones y, sin embargo
.........allí sorprende el mudo pavor
que llena la vida con su aliento de vinagre - rancio
.........vinagre que corre por la mojada despensa de una
.........humilde casa de placer.
Y tampoco es esto todo.
Hay también las conquistas de calurosas regiones,
.........donde los insectos vigilan la copulación de los guardianes del sembrado
que pierden la voz entre los cañaduzales sin límite surcados por rápidas acequias
y opacos reptiles de blanca y rica piel.
¡Oh, el desvelo de los vigilantes que golpean sin descanso sonoras latas de
petróleo]
para espantar los acuciosos insectos que envía la noche
como una promesa de vigilia!
Camino del mar pronto se olvidan estas cosas.
Y si una mujer espera con sus blancos y espesos muslos
.........abiertos como las ramas de un florido písamo
centenario,
entonces el poema llega a su fin, no tiene ya sentido su
.........monótono treno
de fuente turbia y siempre renovada por el cansado
.........cuerpo de viciosos gimnastas.

Sólo una palabra.
Una palabra y se inicia la danza
de una fértil miseria.